


RAFA PUYANA: UN CRUCE DE CABLES, BUDISMO Y TINTÍN
Rafa Puyana, nuestro speaker para Crossroads (encrucijadas), el tema de abril para CreativeMornings deambula, a nivel personal y profesional, por el territorio donde se cruzan el arte, el diseño y la tecnología.
Rafa piensa que el color de una encrucijada debe ser el blanco, ya que es el cruce de los tres colores luz: verde, el rojo y el azul. Cree que no podría vivir sin conexión a internet, sin la posibilidad de reír a todo momento, y sin la respiración. Le insinúo la obviedad del último punto, sonríe y responde: claro, a lo que me refiero es que yo practico el Budismo.

¿Qué libro recomendarías?, le pregunto. Se queda callado por un instante antes de responder: La trilogía El Problema de los Tres Cuerpos. Lo mejor, asegura, es que la gente no vea la serie, sino que se lean los libros. Son una cosa maravillosa, concluye.
En cuanto a música recomienda la playlist NATURE en Spotify, una iniciativa de la que hace parte, que conecta los sonidos de ecosistemas naturales con artistas, para crear piezas musicales que generan conciencia (y recursos) para la conservación ambiental.
Su lugar preferido del planeta es Vietnam, pues tuvo la oportunidad de vivir en ese país y le gusta por varias razones: El budismo tiene fuerte presencia, es un lugar tropical con una historia de guerra que asocia con Colombia, tiene paisajes hermosos, la gente es amable y no es costoso.
Cuando el segundo piso de Isola Trattoria Bar está lleno. Rafa pasa al frente para dar inicio a su charla. Nos cuenta que apenas le llegó la propuesta para ser speaker y conoció el tema sobre el que debía hablar, lo primero que se le vino a la cabeza fue una imagen aérea del barrio Kennedy en Bogotá, lugar en el que creció. En la pantalla aparece, a primera vista, es un enjambre de casas, puestos de comercio y calles.

Nos señala un punto del mapa, el centro comunitario. Recuerda que cuando era pequeño le gustaba pasar tiempo allí, porque podía leer las historietas de Tintín. Fue también en ese lugar donde su mamá lo inscribió a un curso de computación para niños cuando tenía diez años. Imagínense, nos tocaba de a cuatro niños en un computador de los ochenta, cuenta. En ese entonces aprendió a utilizar el programa Logo y dice que le voló la cabeza.
Esa experiencia la ayudó a descifrar a qué quería dedicarse por el resto de su vida. También recuerda con cariño cómo aprovechaba las idas y venidas de su casa al centro comunitario para visitar las droguerías y jugar maquinitas. Poco a poco la tecnología comenzaba a cobrar importancia en su vida.

Años más tarde, ingresó a estudiar Diseño Gráfico en la Universidad Nacional de Colombia. En medio de la carrera, comenzó a sentir que el diseño que le enseñaban tenía ciertos límites y parámetros preestablecidos. Esto lo llevó a hacerse una pregunta: ¿qué pasa cuando el diseño no funciona? Para expandirla, inauguró una muestra de los peores trabajos del semestre, que al día de hoy todavía se realiza.
Cuando finalizó sus estudios de pregrado, Rafa se dio cuenta de que, en ese momento (finales de los años 90), el diseño se había convertido en un puente que conectaba la cultura popular con la cultura mainstream. Ese descubrimiento le permitió especular un poco y trabajar partiendo de la pregunta: ¿Qué pasaría si…? A esa visión de trabajo también le añadió otra inquietud: ¿Cómo nos transforma y nos deforma la tecnología?
Tiempo después, tras haber trabajado en varias compañías multinacionales, en empleos que reducían su capacidad creativa, sumado a una dieta de pizza y veinte cigarrillos diarios, decidió hacer un alto en su vida y viajó a Canadá, según él, “a derivar”. Cuenta que fue una experiencia muy solitaria que sobrellevó caminando las calles de Vancouver. Allá, Rafa estudió una maestría en artes.

Cuando terminó, justo antes de regresar a Colombia, fue a una fiesta en la que había gente sobre un escenario creando música e imágenes mediante código. Similar a su experiencia con el programa Logo, eso también le voló la cabeza, así que antes de viajar, tomó un taller de live coding.
Cuando llegó a Bogotá, esperaba ser recibido como la gran joven promesa del arte contemporáneo, pero se llevó una decepción porque cayó en cuenta de que las personas no estaban interesadas en lo que había aprendido. Entonces comenzó un lento trabajo de evangelización acerca de sus nuevas aficiones laborales, hasta que encontró un grupo de personas interesadas en esa práctica, con softwares de código abierto desarrollados por la comunidad.

Lo que más resalta de su trabajo como diseñador de experiencias digitales, sumado al live coding, es la necesidad de estar en constante aprendizaje, además de haber aprendido a a abrazar la diversidad, pues es una práctica sin ningún tipo de jerarquías donde el novato y el maestro cuentan con el mismo nivel de protagonismo.
CreativeMornings/Bogotá te quiere dar las gracias a ti y a todas las personas y empresas que hicieron posible este evento: a Isola Trattoria Bar por acoger por primera vez a la comunidad creativa; a Osa Imagen y a Juliana García, por el registro audiovisual y fotográfico del evento; a Sayfoodcreative por la buena energía y brindarnos un delicioso desayuno, y, como siempre, a todas las personas que asistieron a la charla por apoyar los eventos mes a mes.
Espera pronto toda la información de nuestro próximo evento, bajo el tema revival (renacimiento), en nuestra redes sociales.



Escrito por Haki Storytelling