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GRAFITEAR EL FRACASO

Comienzo a escribir este texto con un par de títulos en la cabeza. El nombre, poco creativo, que se me ocurrió ponerle al documento fue «Fracaso»; la verdad, nada estimulante para continuar escribiendo ¿Cómo saber si mi texto va a ser un fracaso? Una pregunta sin respuesta, pues como bien lo mencionó Alejandro Cárdenas en la charla de este mes, con «Failure» como tema central, «El fracaso, al igual que el pecado, no existe.»

Cuando pienso en fracaso y todo lo que encierra la palabra, me acuerdo de una ocasión en el colegio, en la cual pude ocupar, para un campeonato intercursos, un puesto como defensa en el equipo titular de Fútbol del salón. Durante el partido todo transcurrió normalmente, hasta que le hicieron un pase al vacío a un delantero, y este arrancó a correr tras el balón, por la punta que yo estaba marcando, como si fuera lo último que tenía que hacer en la vida.

Alcancé a darme cuenta de su intención de carrera «endemoniada» cuando el balón viajaba por encima de las cabezas de los jugadores de una mitad de la cancha a la otra; así que no me tomó por sorpresa y corrí a la par haciéndole cuerpo. Mientras tanto, él adelantaba magistralmente la pelota dándole ligeros toques con su pie derecho.

Ya entrando en la cabecera del área, noté como se disponía a reventar el balón con su pierna derecha y me barrí magistralmente, mientras hacía una tijereta sobre el césped y fui yo quien, en una sola acción, patié y le quite el balón. Desafortunadamente, calculé mal la dirección y la fuerza, y el balón se clavó en el ángulo izquierdo de la portería de mí equipo. Desde ahí perdí la opción de ser titular, y mi carrera futbolística, en el colegio, fracasó.

Volviendo a la charla que dio Alejandro; la mujer que quedó sentada a mi izquierda respondió a la pregunta que llevaba el «nametag» de esta ocasión ¿Cuál es tu mejor fracaso?: «Haber estudiado…» El resto de la respuesta no lo pude leer porque se doblaba hacia la parte interior de su antebrazo.

No aguanté la curiosidad y le pregunté qué era lo que había estudiado. La respuesta me sorprendió aún más, pues de hecho todavía no ha terminado su carrera. Está estudiando algo que me parece fascinante. Ella me contó que el mercado laboral para su profesión es escaso en el país, y que incluso conseguir una pasantía es un proceso complicado. Por eso consideraba su elección de carrera un fracaso, a pesar de que le fascina. Por mi mente pasaron miles de respuestas, y frases con las que quería responderle; pero como creo que uno de mis deberes en este mundo es no dar cantaleta, y mucho menos a una persona que acabo de conocer; expongo mis ideas en el siguiente párrafo.

El concepto sobre el fracaso en el imaginario individual y colectivo de las personas, nos resulta interesante por todo los términos que revolotean alrededor del mismo; encabezado por su complemento el «éxito», y seguido por otros como dinero, prejuicios, etc. Para completar todo, esta maraña interpretaciones es atravesada por el concepto «felicidad», como una espada afilada. A la larga opino que la concepción de cada uno no deja de ser completamente subjetiva.

Cárdenas por su parte aseguró que el fracaso encierra un «no entender y quedarse en el prejuicio» y que también «es algo que creamos, mientras vivimos más preocupados por nuestra hoja de vida que por lo que realmente nos define como personas.»

Por esto es que el grafiti, como arte urbano, funciona para hacerle frente el fracaso, pues usualmente, como lo dijo Cárdenas, «genera una discusión sobre un tema el cual no queremos tocar, para no quedarnos estancados en los prejuicios».

En definitiva el fracaso es como una gran pared blanca, la cual debemos decidir con qué acciones la queremos grafitear y así convertir eso que cada uno hace, más allá de un simple rayón e independiente de cuál sea nuestra profesión, en arte.

Nuevamente agradecemos a LCI Bogotá por el apoyo incondicional al capítulo de CreativeMornings/Bogotá; también a SocialColectivo y su gran equipo de colaboradores que nunca dejan «fracasar» los eventos, y en esta ocasión agradecemos al restaurante Nolita, que nos abrió las puertas de sus instalaciones totalmente apropiadas para una mañana creativa, y nos brindó un delicioso desayuno.

Juan Manuel Rodríguez B.

Jma.rodríguez@gmail.com

Fotos por Francisco Contreras.