


MÚSICA PARA GENERAR EMPATÍA
«Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro»
Ese es el significado que los eruditos de la RAE le dan a la palabra empatía. Esta, debido a todo lo que, más allá de lo lingüístico, abarca, es una de esas palabras que uno cree entender su significado, pero que al momento de definirla no sabemos cómo hacerlo.
Mientras pienso esto, llegan a la entrada de Maloka, el lugar que por segunda vez le abre las puertas a la comunidad de CreativeMornings/Bogotá, dos hombres con una máquina de café, pienso en un capuchino y sonrío. Mientras tanto María Linares conversa con los voluntarios de esta ocasión. Una de ellos es Silvia, una italiana de ojos azules tendiendo a grises, que cuenta cómo llegó al lugar en bus desde Cedritos, sin ningún problema. La escena la complementa Beto Durán, quien comienza a tomar fotos por todo el lugar.

Miro el reloj y marca las 7:37, hora extraña; uno nunca le dice a alguien nos vemos a las y 37, en fin. Los primeros asistentes a la charla comienzan a llegar y se van sentando en orden. Desde el lugar en el que estoy alcanzo a ver a una mujer con un pantalón verde fosforescente y una cachucha azul que lee el periódico; otra, una mujer de pelo rubio que lleva una falda de arabescos (buena palabra esta) charla animadamente con una amiga y no para que gesticular con las manos.

Me acerco a los asistentes y les hago la pregunta del icebreakertag «Empatía me rima con…» las respuestas llegaban fácilmente: Alegría, una sonrisa, asertividad, ni idea, cacofonía, sintonía, convertía, manía, sincronía, amabilidad, cercanía, ironía, armonía, fueron unas de las que alcancé a anotar.
Minutos antes de dar inicio al registro, ingreso al auditorio y veo a Juan Andrés y Nicolás Ospina, los speakers, ensayando y cuadrando el sonido. Hablan sobre los tiempos de una de sus canciones. El equipo de Time Machine Pictures, no deja de moverse, mientras alistan sus luces y cámaras.

Justo antes de dar inicio a la charla, aprovecho para saludar a los hermanos Ospina. En el breve intercambio de palabras que tenemos, me cuentan que la experiencia de haber vivido en Barcelona, Argentina, Nueva York, entre otros lugares, les ha permitido conocer muchas personas y encontrar diferentes maneras de expresarse. También afirman que ver a la cultura colombiana desde afuera, siempre les ayuda mucho al momento de crear.
En la tarima dos sillas, cada una con una guitarra al lado y una jarra de agua sobre una mesa, esperan a los hermanos, músicos, pianistas, arreglistas y compositores.
Después de dar inicio a la charla, nos cuentan que la empatía ha sido el motor para sus proyectos profesionales, incluido «Inténtalo Carito». Este último surgió por una canción que le compusieron a Carolina, una prima, en su matrimonio.
La canción gusto mucho, y decidieron subirla a Internet para que la pudieran ver los amigos y familiares, pero después de un tiempo comenzaron a recibir comentarios de personas que no conocían. Fue así como surgió el proyecto que aparte de diversión, significaba poder hacer música juntos, algo que ha sido complicado al vivir ambos en diferentes lugares.

Después, en una visita de Juan Andrés a Nicolás en Argentina, compusieron Narcolepsia Automovilística, y faltando una semana para nuevamente separarse, se les ocurrió hacer una historia sobre el idioma español: Qué Difícil es Hablar el Español, que en sus propias palabras: «provocó un tsunami de reconocimiento y entrevistas en diferentes medios».
Luego de ese sacudón de fama, los invitaron a participar a un festival en Barcelona, y eso los obligó a componer un repertorio.
Definitivamente, parece que los hermanos Ospina respiran creatividad; tan solo basta escuchar cualquiera de sus canciones para darse cuenta de toda la preparación y conocimientos musicales que le imprimen a estas.
Sobre el proceso creativo para Narcolepsia Automovilística, nos cuentan que lo que querían hacer era recrear la escena en un bus cuando a uno le da sueño. Fue así que decidieron bajarle la velocidad al tempo de la canción y aprovecharon para hacer ruidos que hacían cuando eran niños, que parecía nunca les iban a servir para nada y que ahora les pueden sacar todo el provecho.
Juan Andrés y Nicolás afirman que con los temas de sus canciones han logrado conectarse con las personas, generando empatía.
Aunque Inténtalo Carito, es un proyecto con altas dosis de humor ellos, como músicos, le imprimen todo el empeño a los diferentes arreglos de sus canciones, y a escoger las notas precisas. Aseguran que son varias las veces en que discuten por un largo rato, debido a temas técnicos de sus composiciones.

«Si me Enfado Recapacito», otra de sus canciones, es un método revolucionario que crearon para aprender solfeo, y su mamá les ayudo a diseñar el solfeódromo, una estructura que por medio de unas cuerdas muestra las notas musicales a medida que estas van apareciendo en las palabras de la canción.
Algo interesante de su trabajo es que siempre ven las canciones dentro de un contexto; por eso resulta fácil encontrar diferentes estilos y ritmos en las composiciones de Inténtalo Carito: Carranga, rap, bolero, entre otras.
Juan Andrés y Nicolás hicieron énfasis en que siempre que hacen algo, intentan ponerse retos para ser creativos. Con respecto a Inténtalo Carito dijeron: «No esperamos nada de este proyecto más allá de divertirnos».
Para cerrar la charla Nicolás dijo «Si uno hace un proyecto desde un lugar auténtico, siempre va a generar más empatía con las personas».

La comunidad de CreativeMornings/Bogotá le quiere dar las gracias a Time Machine Pictures por su excelente trabajo de producción audiovisual y a Paleta Digital por todo el material impreso para el evento; también a Comapan y Café Vereda Central, los patrocinadores del rico desayuno que pudimos disfrutar; a Maloka por acogernos nuevamente en sus instalaciones, y a toda lacomunidad del capítulo de Bogotá, siempre dispuesta a madrugar y apostarle a la creatividad; los esperamos para la charla del próximo mes, bajo el tema Shock.



Texto por Juan Manuel Rodríguez Bocanegra
Jma.rodriguez@gmail.com
Fotos por Beto Durán